Del etiquetado social – Y tú, ¿quién eres?

Sometimes it’s hard to follow your heart.
Tears don’t mean you’re losing, everybody’s bruising,
Just be true to who you are! (Who you are– Jessie J.)

¿Quién soy? Quizá esa sea la gran pregunta que todos nos hacemos en algún momento de la vida. Desde que nacemos hasta que morimos, entre unos y otros, vamos construyendo las posibles respuestas y definiendo nuestra identidad.

La construcción de la identidad empieza en la infancia. Desde el inicio de nuestra vida nos acompañará una etiqueta: nuestro nombre. De todas las palabras de un idioma, escuchar nuestro nombre es aquello que nos hace más felices.

Mucho antes de darle un nombre ya lo hemos definido: es un niño o es una niña. Es fácil, difícil, llora mucho, es como su padre/madre, tiene ojos azules, es guapo o feo, alto o bajo, gordo o delgado… adjetivos y más adjetivos. Digamos que le ponemos una etiqueta.

¿Qué son las etiquetas? Las etiquetas es la forma que tiene el ser humano para desenvolverse en el mundo y hacerlo menos caótico, más predecible. Es como si tuviéramos un DYMO y fuéramos poniendo nombre, adjetivos, opiniones a todo lo que vemos, oímos, sentimos…

Cada uno llevamos uno de estos en nuestro interior

Cada uno llevamos uno de estos en nuestro interior

Las etiquetas sociales o impresiones sociales son los adjetivos con los que nombramos y definimos a las personas en el contacto interpersonal. En la percepción social, el primer contacto es decisivo, ya que esta primera impresión influirá sobre el resto. A este efecto se llama “efecto de primacía”.

¿Qué es el etiquetado social? Sería el proceso por el cual definimos y somos definidos por los demás y como las etiquetas que ponemos y nos ponen afecta a nuestro comportamiento. Está muy relacionado con la aparición de prejuicios.

El poder de las etiquetas es tal que afecta a todos los sectores de la sociedad. De sobra es conocido el efecto Pigmalión, por la que el educador tiende a valorar más positivamente a aquellos/as alumnos/as que considera más competente. Les ha puesto la etiqueta de “listo” o “tonto” y afecta a su rendimiento, en las calificaciones.

¿Qué pasa cuando no encajan mis etiquetas? ¿Qué pasa cuando no estoy de acuerdo con lo que los demás opinan de mí? Esto va a afectar negativamente a mi autoconcepto, que es la forma como me defino y, en consecuencia, mi autoestima, la forma como me siento conmigo mismo. Todo esto da lugar a situaciones de estigma social, en las que se ha colgado un san Benito a alguien: es el gitano, el tonto, el vago… y se crean situaciones de exclusión

¿Cuántas veces no hemos etiquetado a una persona? Ya sea por sus preferencias, condición social, inclinaciones sexuales, hasta gustos musicales, se dan cuenta que cada que etiquetamos a alguien, esa etiqueta, es un reflejo de nosotros mismos. (http://con-fabula.blogspot.com.es/2012/04/jessica-te-ha-etiquetado.html)

¿Cuántas veces no hemos etiquetado a una persona? Ya sea por sus preferencias, condición social, inclinaciones sexuales, hasta gustos musicales, se dan cuenta que cada que etiquetamos a alguien, esa etiqueta, es un reflejo de nosotros mismos. (http://con-fabula.blogspot.com.es/2012/04/jessica-te-ha-etiquetado.html)

Así que teniendo en cuenta todo esto, consejos para evitar crear y crearnos “malas etiquetas”:

  • Cuidar la imagen personal, sobre todo en las primeras impresiones, que tienen más fuerza que otras.
  • Aprender a ser flexibles. Relativizar las etiquetas que se han puesto a otras personas y fiarnos de lo que pensamos más de lo que nos dicen.
  • Separar los conceptos “hacer” y “ser”. Una persona puede “hacer” algo y no “ser” ese algo.
  • Tener confianza en uno mismo y ser resistente a las críticas. La única opinión que importa es la de uno mismo. No dejarse vencer por las críticas ajenas, sobre todo, la de aquellos/as que apenas nos conocen.

Y vosotros, ¿cómo os etiquetáis? ¿Quiénes sois?

Gracias por leerme y feliz semana

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4 comentarios el “Del etiquetado social – Y tú, ¿quién eres?

  1. Me ha encantado! Antes de lo que escribí yo aquí, estaba haciendo un borrador semejante a esto, aunque más centrado en la introspección que en la percepción externa.
    Creo que cualquier tipo de etiqueta es simplemente incorrecta. Aparte de la diferencia entre “ser” y “hacer”, que es muy importante, debemos tener en cuenta que todo el mundo cambia a lo largo de la vida, e incluso viviendo el mismo momento, cómo somos depende de nuestro alrededor. Podemos estar etiquetados como simpáticos por nuestros amigos, y conocer gente nueva y parecer antipáticos porque hasta que no cogemos confianza no nos soltamos. ¿Qué etiqueta valdría entonces?
    Yo me pregunto más sobre la necesidad de etiquetar todo (y a todos). ¿Por qué reducir lo que es una persona a unas cuantas palabras? Cada persona es como es, es un mundo en sí misma, y ese mundo no puede describirse con 2 ó 3 palabras. Y si lo haces, estarás siendo superficial, y te equivocarás al describir a esa persona, casi seguro.

    • Iván Arias dice:

      Gracias Luis por tu aportación. Bien cierto es que, no somos iguales desde que nacemos hasta que morimos. Cambiamos. Es un cambio físico (evidente) y psicológico. No nos comportamos igual en función de nuestra edad y en función del “grupo” en el que estemos, porque en un grupo se dan una serie de dinámicas que hace que eso pase. Nos dejamos influir e influimos sobre el grupo (esto es materia para otro post).Por tanto, en el caso que dices, ambas etiquetas: la de “majo” y “antipático” serían válidas.
      Etiquetar no es más que poner un nombre a algo que no lo tiene. Es una estrategia para hacer nuestro mundo más predecible. Etiquetamos cosas y parece lo más normal del mundo que si digo “CASA” tú y yo pensemos en lo que significa y nos podamos comunicar.
      Lo malo no es poner etiquetas, sino lo que se esconde detrás de ellas: los prejuicios. Yo puedo hablar contigo 2 minutos y, en ese momento, etiquetarte de “BORDE”, porque no hablas nada, te muestras esquivo, ni me miras y me contestas de manera tajante. Seguramente tengas el día raro o simplemente no te apetezca hablar conmigo. A “BORDE” se añaden adjetivos/etiquetas: “RARO”, “ANTIPÁTICO”… y me comporto contigo en base a estos juicios que voy haciendo, que construyo en mi mente. Ya tengo un esquema en mi cabeza de ti con tan sólo una charla de 20 minutos. Sabre (si he tenido experiencias de aprendizaje previas) cómo comportarme, qué esperar (o no) de ti…
      Pero lo que dices es cierto, etiquetar es fácil y quedarse con la etiqueta nos limita. Nos llena de prejuicios y nos hace superficiales. ¿Te conozco realmente con solo 2 minutos de charla? Seguramente me equivoque. Siempre podré tratarte más y cambiar mi opinión de ti. O peor…fiarme de mi “esquema” y no tratarte más. He ahí el verdadero peligro.
      Por ello, propongo una visión más amplia. Dudar o relativizar las cosas. Ponernos otras gafas, juzgar menos, escuchar más y hablar menos, dar tiempo al tiempo y dejar que las cosas fluyan.

      • Bueno, yo en vez de que ambas etiquetas son válidas, diría que ninguna lo es! Vamos, ya por el simple hecho de ser una etiqueta no sería válida, y mucho menos si son contradictorias. En todo caso una etiqueta sería de “ser” y otra de “estar”, pero ¿cómo diferenciarlas siquiera? Me parece absurdo plantearse algo así. Dependemos tanto de nuestro entorno que es difícil llegar a la base, al “yo” de verdad (sobre eso trataba lo que estaba escribiendo jajaja). Y poner una etiqueta que cambia constantemente dependiendo del contexto me parece una tontería.
        Pues sí, es cierto que resulta casi imposible poner etiquetas, supongo que es algo normal. Cuando conoces a alguien, “necesitas” saber cómo es esa persona, hacerte una idea aunque sea, para saber cómo tratarla. Otra cosa es que te quedes sólo con esa primera impresión y que, por ejemplo, decidas que no te interesa seguir conociendo a esa persona, lo cual me parece horrible. Incluso aunque la primera impresión sea mala, eso puede deberse a diversos motivos, como tú has dicho, por lo que, debe ser solo orientativa esa etiqueta.
        Lo mejor para conocer a alguien es, de hecho, conocerlo. Si te quedas con pinceladas superficiales, difícilmente vas a poder conocer a esa persona,

  2. que resulta casi imposible NO poner etiquetas* quería decir!

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